La historia de esta hostería comienza lejos de aquí.
Dicen que hay lugares que no se construyen, sino que se sueñan primero.
Este refugio nació del anhelo de traer un pedacito de México: su calidez, su mística, su tiempo pausado y su manera profunda de habitar la vida.
Inspirada en las antiguas haciendas y chacras mexicanas, la casa fue tomando forma como un espacio donde la tierra, el color y el silencio dialogan sin apuro.
Los muros guardan la fuerza de lo simple; los patios invitan al encuentro; las galerías ofrecen sombra, mate o café, y largas charlas que se estiran con el día. Cada rincón honra la vida rural mexicana: la hospitalidad abierta, el fuego compartido, la conexión con la naturaleza y la celebración de lo cotidiano.
Aquí la vida sucede hacia afuera.
El aire es amplio, los caminos de piedra acompañan el andar y el paisaje contiene sin imponerse. Todo invita a bajar el ritmo, a escuchar el viento, a despertar con el sol y dejar que el tiempo se vuelva generoso.
Hospedarse aquí es volver a una forma antigua de viajar: caminar descalzo, compartir la mesa, descansar sin relojes.
Como en una estancia mexicana, el tiempo se estira, el cuerpo afloja y el alma encuentra espacio.
Esta casa no es solo una hostería.
Es una experiencia de campo, un hogar por unos días, un puente sutil entre culturas que comparten el mismo amor por la tierra y él mismo modo de recibir.
Quien llega no es huésped: es parte de la casa.
Bienvenidos.
¿Qué estás esperando?
Tomate unos días, vení a visitarnos y viví la experiencia Chacra Bliss.